

22/03/2010:
José Agustín Larrañaga es una auténtica pluma de la pelota en todas sus modalidades, aunque su trabajo se ha centrado siempre en los pelotaris eibarreses, localidad en la que reside en la actualidad. Entre sus escritos destacan los libros dedicados a la vida Muguerza, Marcelino hijo o Salsamendi y hoy en día continúa recopilando datos de figuras de todos los tiempos, como es el caso del mítico Txikito de Eibar, cuya biografía espera publicar en breve.
Hoy en día, usted colabora con una revista.
Así es, se titula Eibar, herriaren arima. Es bimensual y se publica desde hace medio siglo, pero yo llevo sólo dos años y medio colaborando en ella.
Durante este tiempo ha publicado varias biografías de pelotaris.
Sí, y todos son eibarreses. La última fue la del puntista Vicente Urkidi y en total ya llevo 18.
Así mismo, ha escrito varios libros.
Sí, escribí las biografías de Muguerza, Marcelino hijo, Salsamendi I y ahora quiero sacar la de Marcelino padre y la de Txikito de Eibar, para en un futuro publicar la de Txutxo Larrañaga.
Txikito de Eibar fue muy conocido en su tiempo.
En 1960 se cumplió el centenario de su nacimiento, ese día había festival en Markina y el periodista Aitona denunció que nadie se había acordado de la fecha y que hasta el Ayuntamiento de Durango y el de Eibar se habían olvidado d él. Es que Txikito de Eibar nació en Durango, aunque al de poco tiempo fuese a Eibar a vivir. En su época no hubo nadie tan famoso como él, fue el mejor en todas las especialidades y al de un mes de publicar Aitona ese comentario, el Ayuntamiento de Durango puso una placa en el Ezkurdi. No se lo comunicaron a Aitona y cuando la vio dijo que más que una cesta, lo que llevaba parecía una cucharilla y que la obra era una birria.
Txikito de Eibar llegó a jugar a xistera.
Así es. La xistera fue la predecesora de la cesta y en 1887, tres años antes de la retirada de Txikito, ya se inventó la cesta. Surgió de la mano de Melchor Guruzeaga, que es de Rentería y estaba en Buenos Aires junto a Txikito de Eibar. Melchor la inventó porque sufrió una lesión de muñeca, perdió fuerza y entonces recurrió a una cesta más larga y de más fondo para lanzar más fuerte que los pelotaris de xistera. Le criticaron, pero el resto también la utilizó, por lo que desapareció la xistera y triunfó la cesta.
¿Es cierto que en esa época lanzaban monedas de oro a los pelotaris?
Dicen que eso sucedió a principios del siglo veinte en La Habana y, según parece, es cierto. Una vez en 1889, en Argentina, a Txikito de Abando, por hacer un buen partido, un seguidor le regaló un caballo con el que salía de paseo. Tras ser el mejor zaguero de xistera en 1890, jugó a pala en el Euskalduna de Bilbao a principios del siglo veinte.
¿Cuándo empezó a escribir usted?
Yo no soy escritor, sólo recopilo información de crónicas y datos para luego resumirlos. Yo estudié ingeniería-técnica y trabajé de técnico vendedor, pero soy pelotazale y al jubilarme hice una biografía pequeña de Orbea. Marcelino la leyó, me dijo que estaba bien y me facilitó documentación sobre su padre y sobre él mismo.
¿En Eibar había muchos puntistas?
Hubo bastantes. En el Palacio de los Gritos de La Habana, en 1962, había cinco o seis de Eibar y ninguno de Markina. El intendente era Zarasketa, que era familiar de Txikito de Eibar y los puntistas aprendían a jugar en Txaltxa Zelaia, desde donde marchaban a Bilbao, Madrid o Barcelona… Algunos marcharon a Salamanca durante la guerra, pero el frontón se cerró al de dos meses, porque los pelotaris eran menores, tenían entre trece y 16 años y, como se apostaba, pues hubo muchas protestas.
¿Usted jugó a cesta?
Sólo como amateur en Markina. En algún campeonato coincidí con Orbea, yo era su compañero, pero él era el que ganaba. Teníamos trece años, nos enfrentábamos a chicos de 18 y él se bastaba para sacar el partido adelante.
Sería un lujo jugar con un pelotari de su talla.
Fíjate, un día sufrí una lesión en la columna y ganó el encuentro él solo. Era un campeonato organizado por Educación y Descanso, que era un organismo del régimen, era como el Ministerio de la época y como anécdota te contaré que ganamos y no nos dieron las copas porque estaban grabándolas. Al final, ni las grabaron, ni nos las dieron.
¿Fue por culpa de esa lesión que no volvió a jugar?
En efecto, podía llevar a cabo una vida normal, pero no hacer deporte. Me quedé con pena, aunque no hubiera llegado a ser figura.
¿Suele seguir la actualidad de la cesta?
Sí, hay puntistas de mucha calidad, pero los frontones están vacíos y no sabes a quién echar la culpa. Tal vez se deba a la ausencia de televisión y de propaganda en los periódicos, ahora han puesto a la mano como algo excepcional, pero de 1955 a 1980, sucedía al revés. De todos modos, la cesta tiene una ventaja, y es que allá donde va, gusta, aunque no se haya visto antes. Es que es un deporte atlético, espectacular y tiene la madre del cordero, que es la velocidad.
Además, ha traído mucha riqueza a Euskadi.
Sí, y también ha dado una buena imagen de nuestra tierra en el exterior. A pala también se jugó algo en América y por España, pero nunca desplazó a la cesta. En Bilbao, la cesta no triunfó porque los puntistas marcharon a La Habana, México, Egipto, China o Filipinas, pero antes sí que había funcionado como modalidad en Bilbao y sí que gustaba.