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Andrade: Una vez, con Félix, vi un tiburón que parecía un submarino

Este ex pelotari cubano fue profesional durante casi veinte años

Pedro Andrade, en la oficina de Master Jai

11/03/2010: Pedro Andrade (La Habana, 22, de marzo de 1938) ha sido uno de los puntistas cubanos que cumplió el sueño de convertirse en profesional. De hecho, llegó a competir en Barcelona, Madrid y Durango antes de dar el salto a Florida, donde ahora reside y donde aún sigue las funciones de Jai Alai. En esta entrevista concedida a http://www.masterjai.com nos cuenta las experiencias y anécdotas vividas a lo largo de las dos décadas en las que estuvo dedicado en cuerpo y alma a este deporte.

Usted empezó a jugar en su país.

Yo debuté en el frontón La Habana Madrid en 1954. Millán era el maestro e intendente, él fue el que me enseñó a jugar.

El Jai Alai le atraería desde que era muy joven.

Sí, pero yo jugaba a béisbol, lo que pasa es que no podía competir, porque hasta los 21 años no alcanzabas la mayoría de edad y no te dejaban ser profesional, o sea que me decanté por la cesta.

¿Cuándo cogió por primera vez una cesta?

Cuando tenía quince años. Lo compaginaba con el béisbol. Había un pelotari cubano que se llamaba Abando y me dijo que con el cuerpo que yo tenía, que podría jugar a cesta. Le dije “ahora voy” y tardé un año en ir, je, je.

¿Cómo fue su trayectoria tras debutar en La Habana?

A finales de 1955 pasé al Novedades de Barcelona y de allí al Principal Palace. También estuve una temporada en Durango, desde donde fui al Recoletos de Madrid. En 1959 regresé a La Habana Madrid y seguidamente competí al Palacio de Los Gritos.

¿Cómo fue el año que pasó en Durango?

Fue una época bonita, había mucha alegría en torno al Jai Alai, hacíamos comidas, cantábamos… Ahora ya ni se canta y los pelotaris sólo gritan para pedir dinero. También estuve en Donosti con motivo del homenaje de Pistón, es que jugó Frías, mi compañero de piso en Mutriku y luego fuimos a una licorería. Imagínate luego qué pachanga montamos.

Ya tendrá alguna anécdota de esa época.

Una vez, Piedra, el padre, me levantó a las seis de la mañana después de haber estado yo de juerga. Yo no sabía porqué me despertó y es que, como era Semana Santa, me obligó a ir a misa y en medio de la calle nos teníamos que arrodillar y todo para que nos dieran la bendición.

En Mutriku también se haría usted popular.

Fíjate, yo solía pescar con Frías e iba andando desde Mutriku a Deba para comprar gusanos. Un día me encontré con uno de Ondarroa que me ofreció una lubina, se la compré y fui al baile del pueblo con ella al hombro. Yo fardaba de que la había pescado yo mismo, pero luego ya me pillaron.

En 1960 ya dio el salto a Estados Unidos.

Ese año fui a West Palm Beach, donde permanecí hasta 1973. En 1965 quedé campeón del Most Wins, pero allí sólo se jugaba tres o cuatro meses por temporada y algunos años compaginaba este frontón y el de Miami

En 1973 ya se retiró.

En efecto. Entonces me puse a hacer armaduras de techos en West Palm Beach. Tenía cincuenta y pico empleados a mi cargo, pero me tuve que jubilar por problemas en el corazón y ahora vivo en Miami. Es que me operaron dos veces y me pusieron siete by-pass.

¿Con qué ciudad de las que ha conocido se queda?

West Palm Beach me encanta. Tenía buenas playas y a mí me gustaba pescar. Un día, con Félix, vimos un tiburón que parecía un submarino. Tenía 25 pies y la aleta era más alta que el motor. Habíamos estado pescando bonitos, y al limpiarlos y derramar la sangre al mar, pues los tiburones se acercaron.

Se ve que la pesca es una de sus aficiones.

Sí. También me gusta el béisbol y el boxeo. He visto pelear a Cassius Clay, Mano de Piedra Durán, Foreman, Tyson… Tenis también he visto muchas veces, porque mi amigo Hernández conoce a muchos tenistas que le dan invitaciones.

Aún existe la licencia para operar en el frontón de West Palm Beach, ¿verdad?

En su día, Don King compró ese frontón y no sé porqué no se negocia para abrirlo de nuevo, ya que ahí sigue en pie y Don King, si quisiera, podría abrir veinte frontones. Él donó una parte para que pasara el tren por allí y quería construir al lado un centro Polideportivo, pero no le dejaron y se fue.

¿Se queda con Estados Unidos, o con Cuba?

En la época del Jai Alai, con Cuba, porque teníamos de todo. De hecho, yo tuve que quedarme en Estados Unidos porque me quitaron los papeles.

¿Echa de menos Cuba?

Antes sí, pero ahora, tal y como está, no. No pienso regresar, porque ya no volveré a verla como estaba en mi época y si vuelvo será cuando no estén ni Fidel ni su hermano.

Usted habrá coincidido un montón de pelotaris durante todo este tiempo.

He conocido a una tonga de pelotaris. Con Chino Bengoa hice amistad en Florida, aunque él había estado con anterioridad en Cuba. También conocí a Orbea, Pistón y Salsamendi, pero no coincidí en la cancha con ellos. En casa de Pistón hasta estuve comiendo una vez y, al igual que Orbea, era un hombre sencillo, no tenía guilladera.

¿A quiénes destacaría como amigos?

A Suárez, de Durango, a José Luis Aperribai, a Oregi, Elejabarrieta, Areitio, que salió a pescar por primera vez conmigo y atrapó un pez Sierra y a Félix, que es un fenómeno.

¿Suele seguir las noticias del Jai Alai?

Sí, antes me gustaba Txikito y ahora Goikoetxea y López. Suelo ir al Miami Jai Alai con Llata, Garrido, Hernández y demás. Garrido fue campeón de tenis y lo dejó porque ganaba más con el Jai Alai. Ahora da clases de tenis en Miami.

¿Qué se puede hacer para que mejore la situación de la cesta en América?

Igual convendría hacer temporadas de cuatro meses, porque la gente acudiría con más ilusión que ahora, que se juega durante todo el año y sobreviven por los perros, los caballos y todo eso.

Por último, me han dicho que usted tenía un mote.

Me llamaban Logendio. Es que cuando llegué La Habana Madrid procedente de Euskadi, Fidel Castro dio un discurso en el que hablaba mal de España y el embajador de España, que se llamaba Logendio, le pegó un puñetazo. Entonces, como yo tenía mala leche y decían que era un gallego, pues me pusieron ese mote.


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