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¡Como en el Botxo, oiga!

Juan Luis Ibarretxe Marcos

06/12/2007: ¡Como en el Botxo, oiga!, igualito, igualito. Aquí, en la planta 16 del Hotel Manila Pavilion, uno se siente como si estuviera en el mismo Bilbao. Y no es porque a lo largo del día haya hablado cuatro veces con Euskadi, una con un periodista, otra con mi madre, otra con un informático y la última de ellas con el gran Juan Ikazuriaga, conocido por su habilidad para coger hongos en el monte, aunque luego diga que no hay nada y no nos invite ni a un revuelto. Tampoco tiene nada que ver que Aimar y Arriola se hayan cruzado en el hotel con uno que les ha dicho eh, txo!, que después de que los pelotaris jugasen a mus en Frankfurt nos topásemos con una hernaniarra que se dirigía a China, o que yo tenga a mi izquierda un DVD de Marea que en cuanto lo meta en el portátil vaya a retumbar todo Manila.

Lo que de verdad me ha hecho sentirme como si estuviera en pleno Casco Viejo bilbaíno ha sido ver por primera vez como caía lluvia en la capital de las Islas Filipinas. Cierto es que estas gotas de agua no son nada nuevas en este país y, de hecho, existe una temporada de lluvias en las que se llegan a producir peligrosas inundaciones, pero aún así, el shock que sufrí durante mi anterior visita a Manila debido al sofocante calor sufrido y al tremendo sol que brillaba día tras días, ha hecho que en esta ocasión me vuelva a sentir asombrado ante esta maravillosa ciudad.

La visión de un cielo nublado y de las personas paseando con sus paraguas me han traído a la memoria una letra de un grupo musical que, precisamente, es de Bilbao, como es el caso de Doctor Deseo, que cantaba aquello de Llueve en Bilbao, frase que, allá a inicios de los años 90, casi se convirtió en un himno para aquellos que, como en el caso de mi colega Israel, se compró aquel disco titulado Tan cerca del cielo.

Sin embargo, la mejor sensación llega cuando jornada tras jornada percibes el apoyo de personas como Alex Yu, Miguel Carrión y todos sus ayudantes, quienes, además de tratarnos como a reyes, hacen posible que la Pelota Vasca siga viva a casi 11.000 kilómetros de Euskadi. La última prueba de ello llegó en la rueda de prensa de presentación del Torneo Bainet, en la que el recinto habilitado a tal efecto volvió a congregar a una multitud de medios de comunicación, atraídos por eso de lo que ya han empezado a oír hablar y que se llama Master Jai.

Estos propios pelotaris filipinos también aportan su granito de amor a Euskadi con la afición que exhiben día a día y que ha alcanzado su máxima expresión en Charlie Medrano, que el sábado partirá rumbo a Florida (Estados Unidos) para cumplir su sueño de ser profesional de cesta punta. Para él y para su padre, que le acompañará como cestero de Dania, va dirigida nuestra más sincera felicitación y toda la suerte del mundo, aunque con la calidad que atesora, está más que claro que Medrano lo hará de maravilla en América.

El joven Charlie llevará a cabo una vida de deportista profesional y se centrará en su labor en el frontón, sin saber que tanto él como sus compañeros en Manila (Gingone, Merson, Eric y demás), contribuyeron a que yo, tanto en abril, como ahora en diciembre, me sintiera en Manila, a 11.000 kilómetros de casa, como si estuviera en el mismo Bilbao, ¡Como en el Botxo, oiga! La única diferencia está clara, y es que en Manila hay cesta durante todo el año, y en Bilbao no. Paradojas de la vida.

Juan Luis Ibarretxe Marcos – Jefe de prensa de Eusko Basque


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